Mi edad es un enigma, un misterio, sé cuantas primaveras han pasado (a veces a regañadientes como arrastrándose, otras veces folladas) desde la primera vez que asomé mi cabecita al mundo.
¡Mierda! Hace años que me dicen: Ya no eres una adolescente, toca madurar.
Estamos de acuerdo.El tiempo ha pasado y soy consciente de que mis preocupaciones actuales no son las que tenía con 15,16,17 años... Sí. Hasta ahora.
Estoy a una semana escasa de uno de los únicos exámenes en mi vida que me preocupan.
Creo que lo asocio con el examen de paso a la madurez, a la vida adulta, el reto que si superas te coloca en una posición diferente.
Todo cambia, todo ha cambiado, hemos cambiado.Todos. Pero hoy sigo rodeada de apuntes, ejercicios, exámenes de pruebas anteriores...Siento nervios, ansiedad, ganas de llorar cuando no procede.
Y si me preguntan: ¿ Por qué estás así?
Mi contestación sería la de un adolescente: Tengo un examen.
Uh, pobre adulta que no quiere crecer, solo es un examen.
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